El 13 de junio de 1906 Batlle y Ordoñez firmaba el decreto que elevaba a la categoría de ciudad a la otrora Villa de Durazno

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Por Saúl Piña.-  El 13 de junio de 1906, aquel visionario y gran gobernante que fue Don José Batlle y Ordoñez, estampó su firma en el Decreto que elevaba a la categoría de ciudad a la hasta entonces Villa de Durazno. 

En función de lo hecho en estos 115 años, implica un gran compromiso de futuro. Lo realizado que ha sido incorporado a la muy rica historia de Durazno, amerita que surjan fundamentos para confiar en nuevos emprendimientos que acredite el derecho de los duraznenses, no obstante algunos episodios no deseados, a seguir figurando como pueblo de trabajo, de cultura ,de espiritualidad y de costumbres civilizadas. 

Han transcurrido ciento quince años, lo que si bien para un pueblo puede ser poco, en el análisis de este tiempo, adquiere importancia el accionar de muchos hombres de elevada visión y sentido fraterno, que lograron concretar cosas en beneficio de la sociedad toda.

Recordar como ejemplo, el compromiso de los vecinos que posibilitó la construcción del puente viejo y del hospital, con el aporte de la población sin esperar el apoyo del gobierno del momento, en lo que fue un acto de responsabilidad colectiva. 

El denominado “Corazón de la  Patria”, ha sido crisol de figuras señeras que se han transformado con el implacable tamiz de los tiempos, en verdaderos mojones en las más diversas disciplinas, algunos de los cuales han obtenido el reconocimiento fuera de fronteras. 

Seguramente quienes residimos en nuestra ciudad, no valoramos la opinión que tienen algunos visitantes, sobre todo del exterior del país. Dicen que los duraznenses tienen espíritu solidario, el que se pone de manifiesto cuando ocurren situaciones de emergencia como las inundaciones o de asistencia a personas que enfrentan instancias de necesidades extremas.

El deber de la gente, es saber enfrentar las crisis con hidalguía y compromiso compartido. Hoy estamos viviendo una situación de extrema precariedad sanitaria y económica, que implica el concurso de todos los ciudadanos, sin importar su condición social. La historia muestra que en el mundo, las crisis fueron superadas en hermandad, con compromiso y fraternidad, mirando el futuro, y buscando incrustar en él, las experiencias del pasado, talladas en los valores fundamentales, que más que simbologías clásicas, son definitorios de la nacionalidad que nos legó José Artigas.

FORTALECER LOS VALORES


Tenemos hoy que potenciar aquella tarea que era norma de nuestros antepasados: Fomentar conceptos más profundos y duraderos de solidaridad, devolver la calidez de la convivencia, valorar la familia, el respeto a nuestros semejantes, a las instituciones del Estado; encarando la felicidad del trabajo cotidiano con amor y obligación. Hay quienes operan con espíritu negativo, pero algún día ellos entenderán la valiosa herencia que nos dejaron nuestros mayores.

Para superar esta crisis de la pandemia, es imperioso que haya que destruir algunas cosas, pero ello será una forma de construir para el futuro, teniendo como premisa los derechos pero también los deberes. Debemos tener la capacidad de admitir las discrepancias que se desarrollan en la cotidiana convivencia, para de manera pacífica asumir las responsabilidades de cada cual, pero con la brújula orientada hacia el porvenir de felicidad colectiva. 

Este aniversario del Decreto de Batlle, debe ser convocatoria para que en unión fraterna, encaremos etapas de elaboración de esfuerzos fecundos, que tiendan hacia la búsqueda de lo todavía no pensado.

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