La vigencia del caudillo: Por Saúl Moisés Piña

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El 19 de junio de 1764 nació José Gervasio Artigas en el molde de los más destacados ciudadanos, de aquellos elegidos que hacen Historia, pero en este especial caso, también una Patria. Han transcurrido 262 años, pero el paso de los tiempos no ha borrado su valioso legado y la luz de su fermental pensamiento sigue iluminando los senderos del destino nacional y el recuerdo de su gloria, más allá de nuestra patria y del ámbito platense, sigue vigente como ejemplo, en todos los pueblos del Continente.

Artigas cumplió una labor histórica de colosales dimensiones, afirmando en la región platense el sentimiento republicano-democrático, que alejó definitivamente el aventurismo monárquico, dejando triunfantes las banderas del sistema federal, que habrían de adoptar más tarde, quienes incluso más lo combatieron. 

Tuvo el privilegio de ser depositario de la esperanza de libertad del pueblo en armas, con la distinción en el cumplimiento de su noble misión y en las seguridades que había que crear, para afirmar la vigencia, el respeto y los beneficios del sagrado imponderable, de ampliar sus cometidos de soldado, ya que puesto por voluntad de los orientales en la jefatura de su pueblo, agregó a sus tareas de Libertador, la de organizador institucional y apóstol de su vida cívica, creando en la conciencia nacional los dogmas de libertad y soberanía, de equidad, justicia y tolerancia, que son firmes perfiles de nuestra colectividad y que a veces, intereses mezquinos los ignoran.  

Artigas enseñó a defender la soberanía propia, no aceptando la supremacía arbitraria con el título de protección política. Quería una independencia con pueblos y hombres libres, iguales en "presencia de la ley donde no quedara ni el recuerdo de la maldita costumbre de que los engrandecimientos nacen de la cuna y que los humildes, sin más delito que su miseria, hallaran la debida protección". Quería una independencia donde la tierra de producción llenara una función social y de estímulo en beneficio del campesino laborioso, una independencia con escuelas, docentes y bibliotecas que fomentaran la ilustración en el país.  

El Artiguismo es un sentimiento muy especial de los orientales, un culto al coraje, a la fidelidad y a la voluntad creadora. Los uruguayos tenemos el privilegio de no tener que salir al mundo confundidos y vacilantes a buscar la inspiración de otros caudillos, ya que sigue vigente su ideario marcando el camino justo y perfecto para la solución de todo laberinto pasajero.  

Como hombre y como símbolo, Artigas es convocatoria sin pausa. Como hombre enseña la obligación de superar las propias limitaciones y el renunciamiento personal en beneficio de su pueblo. Como símbolo, resuelve por intuición criolla, que existe una unión indisoluble entre la moral pública y la política, rechazando las tentaciones maquiavélicas de aquellos que encuentran la razón del Estado o en la autonomía política como actividad, la justificación de hacer el mal sin sentirse mal.  

Artigas vive y manda en el corazón de cada uruguayo y su ideario ha sido y seguirá siendo, la vía de la autenticidad nacional, un tesoro valioso que debemos preservar.

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