24Siete / Podcast del viernes 27 de mayo.


Sala del Teatro Español será designada con el nombre de Orlando Aldama. Por Saúl Piña

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El jueves 28 de abril el Gobierno Departamental concretará una ansiada aspiración de los duraznenses; la sala del Teatro Español será designada con el nombre de Orlando Aldama. Se cumple así con total justicia con este dilecto hijo de Durazno, que fue poeta, dramaturgo y un humorista de elevados quilates.


Orlando fue un ser muy particular, que tuvo el privilegio de no conocer el pecado del aburrimiento, como tampoco enfrentar la necesidad económica. Es uno de los contados dramaturgos que vivió holgadamente con el fruto de su trabajo, siendo el único autor uruguayo que percibió mayor suma de dinero por concepto de derechos de autor en la década de los cuarenta.

Sus obras lograron marcados éxitos, tanto en Uruguay como en Argentina y varios países de América. Nació en el establecimiento rural de sus padres ubicado en la 4ª sección.

Con tan solo 14 años ya escribía para una publicación denominada “El Pago”, iniciando así el camino del éxito en medios capitalinos. Fue dramaturgo, comediógrafo, director teatral, crítico, empresario y animador de varios movimientos teatrales, destacándose como periodista, aportando en todos sus trabajos, una cuota sencilla, ágil y mordaz. 

Fue Edil por el Partido Nacional, siendo temido por sus pares por su oratoria y capacidad de respuesta. Orlando tenía la capacidad de volcar en sus obras un humor sano, pleno de belleza, con pureza original, con gracia y sin recurrir al recurso de groserías o palabrotas. 

Tenía esa valiosa cualidad de profundo observador de las conductas humanas y de los personajes del pueblo, sabiendo sacar provecho de las situaciones cotidianas de las personas. Autor de libretos para el conocido actor argentino Luis Sandrini, fue impulsor de su fama siendo autor del guión de la película “Cuando los duendes cazan perdices”, que permaneció en cartel durante seis años con sala llena en Buenos Aires. 

Aldama fue asistente cero faltas en el Sorocabana, integrando una privilegiada mesa de elevada filosofía, que cotidianamente intentaba solucionar los problemas del pueblo, del país y del mundo.

Orlando se retiró a la eternidad un 24 de enero de 1987 luego de una brillante actuación en el Teatro de la Vida, antes del aplauso y con su humildad característica. Supo disfrutar de la aventura de la existencia en plenitud, inmersa en las pasiones que la misma otorga y comprometida con su vital inspiración.

Disfrutó de su bohemia y generó el capital más valioso: sus amigos. El pasaje por la vida nos ubica o no en la eternidad. Este dilecto duraznense nos legó un mensaje de alegría y el ejemplo de que en nuestro tránsito terrenal debe primar el sentido del humor, la humildad, sinceridad y espíritu fraterno.

Total merecimiento la designación de Orlando Aldama la sala de nuestro mayor escenario cultural. Fue un ciudadano que tuvo el privilegio de contar con las herramientas de hacer reír a sus semejantes, transitando la vida con espíritu de felicidad, muy lejos de la ambición y el interés material. 


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