Edil planteó plan piloto de tres pasos para evitar fuego en contenedores y camiones recolectores

0

Lo que comenzó como una puesta al día sobre gestiones realizadas fuera del recinto terminó abriendo, en la Junta Departamental de Durazno, una discusión sobre un problema que se repite cada otoño e invierno en varias ciudades del interior: qué hacer con las brasas y cenizas domésticas en una realidad urbana que, según el nacionalista Andrés Pereyra, ya no se parece a la de décadas atrás.

Durante la sesión ordinaria del jueves 30 de abril, Pereyra informó que el día anterior había remitido formalmente al Municipio de Sarandí del Yí y a la Intendencia de Durazno una propuesta para implementar un “Sistema de Manejo Seguro de Cenizas”, una iniciativa que, según explicó, ya fue recibida por ambas instituciones y quedó a estudio.

“No nos dijeron ni que sí ni que no, pero por lo menos tuvimos respuesta”, comentó al comenzar su exposición, destacando que el envío se realizó por los canales institucionales disponibles, “como cualquier hijo de vecino”, a través de los correos públicos de los organismos. 

El problema

El planteamiento, dijo, surge de un problema conocido por vecinos, funcionarios y equipos de emergencia de Sarandí del Yí: la disposición inadecuada de brasas y cenizas que, en distintas oportunidades, ha provocado incendios en contenedores de residuos, camiones recolectores, terrenos baldíos y espacios públicos.

“No son hechos aislados; son otoños, inviernos que suceden”, resumió, al describir una situación que, según sostuvo, se repite temporada tras temporada.

Pero más que insistir en campañas basadas únicamente en la advertencia o en el sentido común, Pereyra planteó que el problema debe analizarse desde los cambios sociales y urbanos que han transformado la vida cotidiana.

“¿O no nos damos cuenta que la organización del departamento cambió?”, preguntó en sala, antes de enumerar una serie de transformaciones que, a su juicio, vuelven insuficientes las soluciones tradicionales.

Recordó que muchas familias ya no cuentan con gallineros, granjas, grandes patios o terrenos donde antes era posible hacer un pozo y depositar cenizas sin riesgos. También mencionó el crecimiento de cooperativas de vivienda y hogares con espacios reducidos, donde incluso guardar temporalmente restos de braseros puede convertirse en una dificultad.

“Acá no se trata del sentido común por la norma; acá se trata de aplicar a la realidad de la urbanización una salida que le conviene al contribuyente, al funcionario y al gobernante”, sostuvo.

La propuesta, aclaró, no implica grandes inversiones y podría comenzar como experiencia piloto precisamente en Sarandí del Yí.

¿Por qué allí? Porque —según relató— el disparador llegó desde una vecina de la ciudad, Caroline, quien advirtió la dificultad que enfrentan familias de cooperativas para disponer cenizas de manera segura dado que no cuentan con patios amplios.

Pereyra explicó que años atrás algunos vecinos encontraban salida en terrenos baldíos cercanos a lo que hoy es la terminal, pero esos espacios ya no existen o dejaron de estar disponibles.

A partir de esa inquietud comunitaria, dijo, se estudiaron distintas alternativas hasta diseñar una propuesta concreta de tres puntos.

El primero consiste en instalar “puntos seguros de cenizas”: contenedores metálicos e ignífugos ubicados en lugares estratégicos de la ciudad. A modo de ejemplo, mencionó el municipio, la plaza principal y el parque del Río Yí como posibles ubicaciones, espacios que definió como seguros y accesibles para depositar cenizas frías.

El segundo eje apunta a una campaña comunitaria de reutilización de envases metálicos.

Pereyra propuso promover entre los vecinos el uso de latas de conserva —“de arvejas, choclo, duraznos”— así como recipientes metálicos de mayor porte, como envases de tres kilos (no de 200 gramos) o incluso latas de aceite de motor de 20 litros, para almacenar cenizas sin recurrir a bolsas plásticas.

Según explicó, una medida de ese tipo podría reducir considerablemente los incendios en contenedores y también en vehículos recolectores.

El tercer punto propone coordinar un día fijo a la semana para la recolección de esos recipientes, generando un circuito organizado que evite que las cenizas terminen en la basura común.

El edil insistió en que la iniciativa “no nació de un escritorio”, sino de la propia comunidad, y remarcó que busca resolver un problema que afecta a vecinos, trabajadores municipales y autoridades.

Incluso aportó cifras para dimensionar el costo del plan: habló de recipientes metálicos valuados entre 120 y 180 dólares, y contenedores de entre 300 y 500 dólares, montos que —según argumentó— hacen viable un piloto con apenas tres unidades.

También sugirió involucrar a centros educativos en campañas de recolección de latas y recipientes, de modo que la solución combine educación ambiental, participación ciudadana y prevención.

Sobre el cierre de su planteamiento, Pereyra pidió que sus palabras sean remitidas a la Comisión de Ambiente de la Junta Departamental, con la intención de que el proyecto sea trabajado junto al intendente departamental y los distintos municipios del departamento.

Más que un reclamo, su exposición dejó sobre la mesa una idea simple: que un problema repetido cada invierno tal vez pueda empezar a resolverse no con advertencias, sino con infraestructura, organización y vecinos formando parte de la respuesta.

  VOLVER A PORTADA  

Entradas que pueden interesarte