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El gran compromiso de todos.Por Saúl Moisés Piña


Este país se ha caracterizado a lo largo de su historia por tener un perfil muy particular, al punto de que hace algunos años, se nos ubicaba en un lugar de preferencia en el concierto mundial.

En estos días se tomó conocimiento de que Uruguay se encuentra en el puesto 15 a nivel mundial, en cuanto a su nivel democrático.

Se trata de una noticia que debe llenarlos de orgullo, pero también hacernos reflexionar que democracia no es solamente elecciones cada cinco años, funcionamiento equilibrado de los tres poderes del Estado, libertad de reunión y de prensa.

Democracia implica otros valores que hacen a la mejor convivencia de los ciudadanos, como es la seguridad. Sin duda que uno de los factores que abonaron los mejores tiempos del Uruguay, se lo debemos al sistema educativo.

Si tuviéramos que hacer un resumen para definir la esencia del país, diríamos que somos una sociedad con acumulación de años de una educación laica y popular. Una sociedad troquelada por la buena educación, que se compone de algo mucho más amplio que la instrucción.

Los viejos textos nos enseñaban un nivel elevado educativo, pero además se nos formaba en valores como la libertad, el conocimiento de nuestros héroes, el respeto por las ideas ajenas, por las autoridades, por nuestros mayores; destacando la riqueza de la capacidad para progresar en base a nuestro trabajo y al esfuerzo individual, sin esperar la muleta del Estado.

La violencia generalizada que hoy está inscripta de forma permanente en la agenda de las noticias, es mundial, al punto de que ya se plantea una especie de acostumbramiento, a esta irracional versión de la increíble fase por la que atraviesa la humanidad; situación de la cual nuestro país no es ajeno.

La sensación de inseguridad ha ido ganando espacio y el número de homicidios y robos plantea un escenario de extrema preocupación y se ha convertido en un paisaje cercano y amenazante, capaz de transformar no solo la conducta de la gente y sus ráfagas de miedo, sino también sus estados de ánimo de manera cotidiana.

Sobre las causas de la violencia son diversas las teorías y los análisis, indicándose la importante expresión cinematográfica y televisiva, pero también el desarrollo que ha tenido el consumo y la comercialización de las drogas, lo que debe ser combatido con total severidad extrema.

En estos días circuló una información de que se ha comprobado el consumo de drogas por parte de niños de 11 y 12 años. Sabemos de la preocupación de las autoridades que tienen responsabilidad en el tema de la seguridad, pero los acontecimientos nos vienen superando.

De todos modos, en este Uruguay y detrás de ese vivir al margen de la ley y de seres que están inmersos en el sadismo y la locura criminal, hay un mundo que trabaja.

Hay gente que gasta sus energías en construir la sociedad, fomentando con su esfuerzo y compromiso, un escenario mejor de país para vivir en paz y en armonía de fraternidad.

Ese sector de ciudadanos es el que debemos preservar. Hay ejemplos en países de gran desarrollo, que la educación es un tema básico .

Seguramente es el momento de hacer un análisis y planificar—entre otras medidas-- una nueva versión de la formación que queremos para nuestros niños y jóvenes, tomando en consideración que el mundo ha cambiado, al punto de que existen corrientes ideológicas que hacen que a veces es difícil darse cuenta por donde andan el bien y el mal.

Los medios de comunicación tienen su responsabilidad, pero es sobre todo en el seno familiar y las instituciones, donde se tiene la posibilidad de discutir y señalar actitudes dignas para dotar a la sociedad de los valores de convivencia.

Hoy es tiempo de prevenir y mejorar las defensas, eliminando “indulgencias” y endureciendo procedimientos, para poder defender la democracia que hoy vivimos. Es una responsabilidad y tarea para todos los uruguayos.



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