Interés General

El mensaje de Florencio Sánchez. Por Saúl Piña


En el año 1875 ha quedado en la historia del Uruguay una fecha de triste recordación, la del 15 de enero, en el que el motín liderado por el Cnel. Lorenzo Latorre derrocó un gobierno constitucional, iniciándose un período de tiranías.

Pero también se registró un hecho muy positivo como fue el nacimiento de Florencio Sánchez, ocurrido el 17 de enero de 1875.

Si bien su nacimiento ocurrió en Montevideo, pasó su niñez en las ciudades de Treinta y Tres y Minas, en la última de las cuales culminó sus estudios primarios, únicos que conoció. A los 15 años ya cumplía actividades como escribiente en el Municipio minuano, colaborando con un periódico de la ciudad con artículos de crítica.

Con los años se trasladó a Montevideo donde trabajó como cronista en varios diarios. Afiliado por tradición familiar al Partido Blanco, integró las filas cuando la insurrección de 1897, abandonando luego la campaña, porque su composición física no le permitía soportar tales fatigas, pero por sobre todo, que su espíritu humanitario y bondadoso y en el que comenzaba a germinar la protesta contra esos hechos violentos, debió sentir el rechazo moral que le provocaba su participación en ellos.

Contrajo matrimonio con Catalina Raventós cuya boda apadrinaron Joaquín de Vedia y el famoso sociólogo y filósofo: José Ingenieros.

Sánchez le prestó especial atención a los problemas sociales y una permanente adhesión por los sectores desvalidos de la población.

Esa actitud se reflejó profundamente en su obra y en su denuncia del culto a las apariencias y el doblez moral de una parte el mundo burgués.

Es por eso que su producción literaria se vuelca a los conflictos del hombre de campo, al testimonio de la vida ciudadana y al bajo mundo donde habitan los marginales.

Florencio fue un hombre singular en la defensa de sus convicciones y en su instituto para crear una corriente de ideas en los esquemas del teatro criollo, al puno de que está considerado, el mayor escritor teatral, el de más potente veta dramática, del Río de la Plata y también del Continente.

Fue un visionario lúcido, un observador sagaz y fiel de nuestro ambiente y de nuestras costumbres, reflejando con total precisión, la nítida captación de nuestra realidad humana y social.

En el año 1909 viaja a Europa en misión oficial, aprovechando la oportunidad para cumplir con uno de sus más ansiados deseos, que era perfeccionar sus condiciones artísticas, abriéndole además las puertas para hacer conocer y representar algunas de sus piezas teatrales.

De su inspirada pluma surgieron obras fundamentales como “M’hijo el Dotor”, “La Gringa”, “Los Muertos”, “Los Derechos de la Salud”, “Barranca Abajo”, por citar lo más representativo de su brillante tarea de escritor, lo que ha perdurado en el tiempo, al punto de que varios de sus dramas siguen cautivando a los públicos de ambas márgenes del Plata, por su ascendiente en la sensibilidad popular y por los valores humanos, estéticos y sociológicos que conservan inalterable y que seguramente es bueno que los uruguayos de hoy, tiempo de crisis del espíritu y decaimiento de lo fraterno, conociéramos más en profundidad.





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