El gran jefe sigue ordenando. Por Saúl Moisés Piña

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Hay muchos ejemplos para dimensionar la grandeza de una figura histórica. Sin duda que uno de esos valores es la vigencia de su mensaje en su pasaje humano por la tierra.

Esa capacidad de los elegidos por el Creador, de seguir proyectando su luz a generaciones posteriores, sobre todo cuando se enfrentan a las nuevas situaciones que el actual mundo presenta, donde la ausencia de sentimientos y valores, donde predomina la soberbia, la mentira y la ambición.

El 19 de junio es una fecha de muy particular importancia para los uruguayos, ya que en al año 1.764 nacía José Artigas, por lo que en esta fecha se marca de algún modo el cumplimiento de una cita sagrada y es susceptible de ser mirado como un encuentro entre el héroe y nosotros los orientales todos.

Nos dejó una herencia de subido valor, defendiendo la tolerancia ideológica, la justicia social y el rescate económico como el objetivo básico en el accionar de los gobernantes.

Profesó el amor a la criatura humana, de modo que “los más infelices sean los más privilegiados”. Nos dejó un mensaje que en estos tiempos cobra mayor vigencia. No transformó su valentía en odio o revancha, sosteniendo que el objetivo y fin del gobierno, debe ser conservar la igualdad, libertad y seguridad de los ciudadanos y de los pueblos.

Artigas nada dijo, que no estuviera dispuesto a defender con sus actos o su vida. Como hombre y como símbolo sigue, siendo convocatoria sin pausa. Como hombre enseña la obligación de traspasar las propias limitaciones y el renunciamiento personal en favor de las auténticas causas del sentir popular.

Como símbolo resuelve con intuición criolla, sin plantearse las aristas del problema, que existe una vinculación indisoluble, entre la moral pública y la política, entregándolo todo por la actitud de procederes, buscando la luz de la verdad y rechazando las tentaciones maquiavélicas, de los que encuentran en la razón del Estado o en la autonomía de la política como actividad, la justificación para el provecho propio con los recursos del pueblo.

El 19 de junio es fecha para la reflexión y también para el balance, recordando que Artigas no es juez que condena, sino que con su mirada y su silencio, nos inspira y nos ordena. Nos brindó un legado histórico que arranca de la génesis misma de la formación del país, marcan la senda para que los orientales nos reencontremos con la fraternidad, con la tolerancia y con la grandeza que el pasado nos convoca y obliga.

Es un mandato de Artigas, que cada uruguayo esté de pie y a la orden, tomando en consideración y actuando en base a su sabio ideario.

Debemos hacerlo no por mera disciplina o por docilidad, lo debemos hacer, porque asumimos que el Jefe de los Orientales, es el más indispensable de nuestros contemporáneos, la garantía del perfil democrático de nuestro pueblo, que por sobre todo aspira a vivir en paz, sin divisiones entre los hermanos orientales; que es la única manera en que concebimos interpretar el mensaje, que con su silencio

Artigas nos marca los senderos de la auténtica nacionalidad.







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