Interés General

Se impone un diálogo franco y sin fanatismos, entre trabajadores, inversores y gobierno. Por Saúl Piña


La historia del mundo no es solo un cúmulo de actos violentos y de situaciones injustas, que muestran intolerancia, horror y muerte. 

Hay otra historia subterránea o forzada a lo episódico y que no ocupa titulares en los medios, pero que es igualmente cierta, por cuanto es la historia de la esperanza, del compromiso con el trabajo, del gesto solidario, de la defensa de la familia, respeto a las normas y de la actitud fraterna en el relacionamiento social.

Se trata de la cotidiana historia de mujeres y hombres comprometidos con la sociedad donde viven y el lugar donde crían sus hijos. Estos uruguayos siempre serán obreros de la vida, tratando de enfrentar la realidad que les toca, poniendo generosidad de espíritu y ansias de superación con sus propias fuerzas.

En este Durazno, hay miles de vecinos que en forma silenciosa, contribuyen desde sus puestos de trabajo, con responsabilidad y esfuerzo. Son personas que no aparecen en los medios, que no buscan reconocimiento y, cuyo objetivo fundamental es vivir de su trabajo, tratando de brindar a su familia las mejores condiciones de bienestar.

Son ciudadanos cuya vida se ha sazonado en la rica filosofía de Artigas, cuando señalaba: "No esperéis nada si no es de vosotros mismos”. No han duda que el trabajo honesto y bien realizado, es la base de la salud económica y social de las colectividades civilizadas. Es por ello que el trabajador de la actividad privada debe ser objeto del incondicional reconocimiento respecto a sus derechos, lo que en consecuencia también le genera obligaciones.

El país viene padeciendo una crisis sanitaria, pero que generará otra grave situación en el aspecto económico, afectando en profundidad las fuentes laborales, acentuando el panorama que se venía cursando desde hace largo tiempo. Corresponde señalar, que en el pasado mes de febrero, el desempleo era del 10,5%, donde se habían perdido 60 mil puestos de trabajo entre 2014 y 2019.

El Covid 19 agravó la situación y planteó un serio problema al nuevo gobierno, que heredó además de un déficit fiscal elevado, el costo que implica instrumentar una campaña para la protección sanitaria de la población. En la actividad privada, las empresas en momentos de crisis, comienzan a revisar los números, analizando los puestos de trabajo. Es muy difícil que se recompongan los niveles de ocupación anteriores, sobre todo en estos tiempos de robotización y elevada tecnificación.

El Uruguay enfrenta un futuro muy delicado, ya que los gastos han aumentado de manera considerable, tanto por la asistencia social, dejando poco margen en la posibilidad de asistencia a las empresas privadas. La situación financiera y fiscal, sumando la deuda externa heredada, limita mucho las posibilidades que se tienen por parte del Estado.

Se impone una instancia de diálogo franco y sin fanatismos, entre trabajadores, inversores y gobierno, para poder enfrentar el futuro de un tiempo que exigirá, renuncias y sacrificios de todas las partes; evitando que surjan los “salvadores de pico dinámico”, que siempre están a la vera del camino.

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Autor duraznodigital

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