Federico Capurro, el ingeniero que construyó los puentes Viejo, Malbajar, Tomás Cuadra, Villasboas, Caballero y calzada de Tejera. Por Saúl Piña

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El 10 de julio de 1876, nació el Ing. Federico Capurro Ruano, quien fue el responsable del proyecto y la construcción del primer puente sobre el río Yí.


Capurro estudió los primeros años en Milán y luego en Suiza, regresando con su familia a Montevideo, donde se recibió con tan 25 años de Ingeniero Civil en el año 1902. Con su flamante título y la dinámica propia de su juventud, se trasladó a nuestra ciudad en el año 1903, construyendo el primer puente sumergible que hubo en el país, en base a los planos y proyecto elaborado por el mismo Capurro, donde se incorporaron algunos sistemas de ingeniería que hasta el momento no se utilizaban.

Según afirmaba Capurro, la vida útil dela obra no superaría los 80 años de servicio. Han pasado 119 años y el noble puente, que ha tenido algunas operaciones de recuperación, continúa prestando servicios.

En un ejemplo de responsabilidad ciudadana de aquellos tiempos, los recursos para la construcción del puente, se lograron mediante la colaboración de los vecinos, que lograron $34.000, sumándose $ 7.000, aportados por Don. Pedro Echegaray, que era Senador de la República.

La extensión del puente era de 120 metros de largo y 7.80 de ancho. Para su construcción se utilizaron maderas de Paraguay, sobre todo quebracho y curupay.

Una vida de trabajo


El Ing. Capurro cumplió una fermental actividad como ingeniero del entonces Ministerio de Fomento, dirigiendo y construyendo varios puentes y calzadas en todo el país. En Durazno, los puentes de “Malbajar”, “Tomás Cuadra”, “Villasboas”, “Caballero” y la calzada de “Tejera”. 

Como dato anecdótico, en el curso de operaciones militares, le tocó en la guerra civil de 1904, intervenir con su labor profesional en la recuperación y apuntalamiento del puente sobre el arroyo “Curticeiras”, trabajo que demandó un día de ardua labor. Pocos minutos después de finalizada la tarea, el puente reparado permitió el paso de los trenes que conducían el ejército del General Vázquez rumbo a “Masoller”. 

Luego de jubilado, este ilustre ciudadano con más de cien años seguía trabajando en su casa, dedicando largas horas a la redacción de una serie de tomos conocidos bajo el título de “Una Memoria Más”, donde constan notas periodísticas y acontecimientos del Uruguay y del mundo. 

Fue un ciudadano que dedicó su vida no solo a construir puentes, sino además vínculos personales, cultivando valores con palabras y con hechos. Encontró el secreto de conservar la juventud espiritual, dejando un testimonio histórico y todo un símbolo de elevado valor para Durazno, como es el “Puente Viejo” Un testimonio fiel del espíritu progresista y del compromiso social de los vecinos de aquellos tiempos; un claro ejemplo de lo que el trabajo y la responsabilidad colectiva es capaz de lograr.

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