Tiempo de fe y esperanza. Escribe Saúl Moisés Piña

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Estamos en el umbral de Nochebuena, Navidad y Fin de Año, donde parece que el tiempo se detiene momentáneamente, y el espacio personal se contrae hasta las dimensiones exactas de la familia. Esto determina que las próximas horas sean de reflexión y recogimiento, en una mezcla muy particular de laicismo en la religiosidad y de religiosidad en el laicismo.

Cada núcleo familiar y de acuerdo a sus posibilidades, se reunirá en una mesa festiva, donde en un ambiente de elevado contenido afectivo, será instancia para la meditación, sobre las experiencias que cada cual ha debido enfrentar durante el transcurso del año que finaliza. 

Será tiempo además, de la reflexión intima, del recuerdo de los que ya no están y del encuentro con nosotros mismos, que debemos ahondar en el sentido interno de nuestra particular existencia, para comprender que es yendo hacia nuestros semejantes en permanente actitud solidaria y fraternal, donde está el auténtico camino que nos conducirá a la luz de la verdad y al entendimiento. 

Más allá de las tristezas o alegrías que la vida nos otorgue, debemos tener la capacidad de emprender la lucha más compleja y feliz, que es el conocimiento de nuestro templo interior, como único camino de llegar al conocimiento del otro. 

En la vida civilizada hay instituciones tradicionales, que aportan motivos sentimentales de amor y esperanza. Una de las más arraigadas en el alma de los pueblos, desde la más remota antigüedad, es la Familia, fundamento de la organización de la vida en comunidad, fuente del derecho, senda a la vez de elevadas inquietudes sociales manifestadas en la tendencia justiciera de legislar con sentido fraterno, tolerante y de solidaridad para la protección de los seres humanos.

Son muchos los problemas que la sociedad uruguaya enfrenta, pero nuestra rica historia nos enseña que siempre hemos superado las etapas de dificultades, con fuerza y vigor, donde seguramente la herramienta más importante ha sido el soporte de la familia, crisol de los valores y donde los responsables del futuro del país, aprenden el buen manejo de las herramientas para el correcto trabajo en el Taller de la Vida

Una esperanzada marea de ansiedades constructivas crece con fe y esperanza en la espera de todos los uruguayos, en los umbrales del nuevo año. Como parte de esa marea esperanzada, deseamos fervientemente, que en estas tradicionales fiestas, el espíritu comunitario fructifique en acciones de amor y fraternidad. Es tiempo de comenzar a dejar atrás el registro de las frustraciones y abrirle un gran espacio a la paz, a la justicia social y a la verdad.

Disfrutemos este tiempo de celebración, con ánimo abierto y fraterno, con la confianza y positivismo que hacen a todos los hombres de buena voluntad. Dijo un pensador que el espíritu del hogar familiar ahuyenta las pasiones violentas; porque en la paz del hogar, la imaginación se purifica y al mismo tiempo se templa el desorden de los sentimientos. ¡FELICIDADES PARA TODOS CON SALUD Y EN ARMONÍA FAMILIAR!  IR A PORTADA 

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