El tesoro que debemos preservar. Escribe Saúl Piña

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Pocos indicadores resultan más representativos de la calidad de vida de una población urbana que el acceso al agua potable. El agua permite que la vida sea posible en la morada planetaria donde los seres humanos residimos, junto con los animales, las plantas y el ecosistema; el fenómeno de la vida depende de ella. Es un líquido precioso y constituye uno de las bases fundamentales para la existencia humana, siendo además: materia prima, fuente energética, medio de transporte y producción.

En los últimos años, en la medida que aumentaba la contaminación del medio ambiente y por otro el consumo de agua en la industria y en las necesidades diarias de los hogares, el hombre se ha dado cuenta de la importancia esencial que tiene este líquido y la necesidad de su protección, lo que ya es preocupación a nivel mundial, advirtiéndose los problemas que podrían derivar para la humanidad en caso de producirse una falta aguda de este vital recurso, resultando fundamental la necesidad de un control adecuado, que regule decididamente el abastecimiento sin interrupciones y sin contaminaciones. 

Todos los mares del planeta Tierra albergan un volumen de 1.322 millones de kilómetros cúbicos de agua salada. El agua dulce, sin embargo, no es nada más que de 38 millones de kilómetros cuadrados y un porcentaje elevado queda inutilizado por efecto de la contaminación. Existe una gran variedad de contaminantes que el hombre ha producido en grandes cantidades, como los compuestos polifluoroalquilados, agentes químicos conocidos como sustancias químicas “para siempre”, que se han detectado desde textiles, pinturas, cajas de pizza, productos de limpieza y en la de espuma para combatir incendios. Son peligrosos para la salud humana y los ecosistemas, ya que la toxicidad es persistente, se extiende por la atmósfera y puede encontrarse en agua de lluvia y nieve en las regiones más recónditas del planeta. Si el cuerpo humano los absorbe a través de los alimentos o el agua, este los acumula y provoca problemas de salud.

Un reciente informe procedente de Estados Unidos de América considera que el agua de lluvia de todo el mundo es insegura para beber debido a este tipo de contaminación. Otro informe establece que un tercio del planeta enfrentará una grave escasez de agua limpia en 2050, lo que podría afectar a 3.000 millones de personas; ya que se viene operando una grave contaminación de nitrógeno en los ríos.

El Uruguay es un país privilegiado en cuanto a sus reservas de agua dulce, pero la realidad del cambio climático nos demuestra que es urgente adoptar medidas para el uso criterioso de este rico tesoro. El consumo humano de agua potable en nuestro país representa solo el 5% de las reservas. El mayor uso se origina en los principales productos de exportación, la industria frigorífica, celulosa, soja, lácteos y arroz. Son necesarios 12 millones de litros de agua para sembrar una hectárea de arroz. Para la producción de un kilo de carne se requieren 15.000 litros. Diariamente se incrementa el consumo de agua en las residencias y en distintas industrias, un tema que merece un análisis que hoy, nos damos cuenta resulta vital, porque es evidente que este recurso no es inagotable.

El buen uso del agua debe ser tema en los planes educativos, intensificando la concientización de la población, como también como ocurre con todas las cosas, sobre la convicción mucho más que sobre la represión, descansará la respetuosa actitud que se espera y necesita el futuro de los uruguayos.  IR A PORTADA 

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