Avanza el picudo rojo: retiran una palmera en plaza Independencia y crece la preocupación en Durazno

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La expansión del 'Rhynchophorus ferrugineus', conocido por su capacidad destructiva sobre palmeras, sumó un nuevo episodio en el centro del país. Este miércoles 29 de abril, próximo al mediodía, funcionarios del gobierno local procedieron al corte y retiro de un ejemplar afectado en plaza Independencia, en la esquina de Oribe y Rivera, en pleno corazón de la ciudad de Durazno.

La intervención, que no fue acompañada por un informe oficial, respondió —según indicaron fuentes vinculadas al caso— al deterioro irreversible de la palmera, comprometida por la acción del insecto, un coleóptero invasor que se ha expandido en Uruguay desde el último lustro. Su avance ha sido persistente y, en muchos casos, silencioso: cuando los signos son visibles, el daño suele ser ya definitivo.

En paralelo, surgieron indicios de que otro ejemplar podría encontrarse afectado en plaza Sarandí. La situación se encuentra bajo evaluación, en un contexto donde la vigilancia sanitaria se ha vuelto una carrera contra el tiempo.

El historial reciente en Durazno confirma la magnitud del problema. La plaga ya ha provocado la pérdida de palmeras emblemáticas en la avenida Winston Churchill, así como en la faja de Ruta 5, a la altura de la rotonda de la bandera. También se registraron afectaciones en ejemplares ubicados en calle Joaquín Suárez, en la avenida Juan Jacinto Apolo y en predios particulares.

Desde las primeras detecciones, las autoridades han ensayado medidas preventivas y acciones puntuales para contener la propagación. Sin embargo, la biología del insecto —que deposita sus larvas en el interior de la planta, donde se alimentan del tejido hasta vaciarla desde dentro— vuelve difícil su control. Los primeros signos suelen ser sutiles: la copa pierde rigidez, las hojas se inclinan y comienzan a colapsar sobre sí mismas, como si la palmera cediera lentamente. Con el paso de los días, el deterioro se vuelve irreversible. La escena que deja a su paso, repetida en distintos puntos de la ciudad, no es solo la de ejemplares vencidos: es también la de un paisaje urbano que empieza a desdibujar una parte de su identidad.

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