De Ginebra a Durazno: órgano de la Manufacture de Genève (1971) encontrará su hogar en la iglesia San Pedro, obra de Dieste

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La iglesia de San Pedro de Durazno, una de las obras más significativas de Eladio Dieste, recibirá un importante órgano de tubos, procedente del Temple de la Servette de Ginebra, Suiza, construido en 1971 por la Manufacture de Grandes Orgues de Genève.

Según fuentes de la parroquia duraznense, se trata de un instrumento de 21 registros y aproximadamente 1.500 tubos, distribuidos en tres teclados manuales y pedal, concebido dentro de los principios de la organería europea de la segunda mitad del siglo XX. 

La transmisión de las notas es íntegramente mecánica, estableciendo una relación física directa entre el toque del organista y la apertura de las válvulas que permiten hablar a cada tubo. La transmisión de los registros es eléctrica y dispone de dos combinaciones libres, que permiten preparar diferentes registraciones y alternarlas durante la interpretación.

El tercer cuerpo del instrumento, el Echo Brustwerk, se encuentra alojado en caja expresiva, permitiendo al organista modificar dinámicamente su intensidad sonora mediante la apertura y cierre de las persianas.

Composición del órgano

I Manual – Positif de dos
Flûte à cheminée 8’
Principal 4’
Sesquialtera 2 2/3’ + 1 3/5’
Quarte de Nazard 2’
Larigot 1 1/3’
Cymbale III
Cromorne 8’

II Manual – Grand-Orgue
Montre 8’
Gemshorn 8’
Prestant 4’
Doublette 2’
Plein-jeu IV
Trompette 8’

III Manual – Echo
Bourdon 8’
Flûte douce 4’
Cornet d’écho III (dès f°)
Musette 8’

Pedal
Soubasse 16’
Principal 8’
Piffaro 4’ + 2’
Trompette 8’

Más allá de sus características musicales, la llegada de este instrumento plantea un encuentro particularmente interesante entre dos maneras profundamente afines de entender la construcción, la materia y el espíritu.

La arquitectura de Dieste parte de una idea esencial: alcanzar la máxima belleza con el mínimo recurso, permitiendo que la verdad de la estructura y de los materiales hable por sí misma. En San Pedro, las líneas puras, la claridad espacial y la honestidad del ladrillo generan una arquitectura de extraordinaria sobriedad y, al mismo tiempo, de profunda dimensión espiritual.

Una filosofía sorprendentemente cercana está presente en este órgano. Concebido según el principio tradicional del Werckprinzip y construido artesanalmente, el instrumento encuentra su belleza en su propia función. El sonido nace del aire, de la madera y del metal; su mecánica establece un vínculo directo entre las manos del organista y los tubos. No existen artificios innecesarios: estructura, materia, función y belleza forman una misma realidad.

Por esta razón, el órgano no debe entenderse como un elemento extraño incorporado a la arquitectura de San Pedro, sino como una verdadera escultura sonora integrada al espíritu del edificio.

La obra de Dieste y este instrumento comparten una misma ética constructiva: la búsqueda de profundidad a través de la sencillez, el respeto por los materiales y la capacidad de alcanzar grandeza mediante recursos austeros.

El encuentro entre San Pedro de Durazno y este órgano artesanal establece así un diálogo natural entre arquitectura y música: dos expresiones diferentes de una misma búsqueda de simplicidad, belleza y trascendencia.

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