
Desde Blanquillo (Durazno), Capital Nacional de la Cerámica, un pesebre de cerámica marmolada, elaborado con arcillas provenientes de formaciones geológicas de más de 400 millones de años, será entregado al Papa como obsequio del Intendente de Durazno, Dr. Felipe Algorta. La pieza, creada artesanalmente en esta localidad, reúne historia, identidad y una tradición que distingue a esta zona del departamento.
Información: gentileza Gobierno LocalLa cerámica marmolada es una de las expresiones artesanales más características de Blanquillo. Su particularidad está en la combinación de arcillas naturales de diferentes tonalidades, que permiten obtener piezas con vetas y diseños únicos, sin necesidad de incorporar pigmentos artificiales.
Pero detrás de estas creaciones existe una historia mucho más antigua: la de la propia tierra utilizada como materia prima.
Según explicó la ceramista Rosana Martínez, una de las principales referentes de esta actividad en Blanquillo, las arcillas provienen de formaciones geológicas con más de 400 millones de años de antigüedad, vinculadas a antiguos ambientes marinos.
En diferentes puntos de la zona se han encontrado fósiles de organismos como trilobites y braquiópodos, testimonios de la vida marina que existió durante el período Devónico.
“O sea que, en sus manos, el Papa va a tener más de 400 millones de años”, expresó Martínez, emocionada por el significado de esta creación.
De la cantera de Blanquillo al Vaticano
La materia prima utilizada para elaborar el pesebre proviene de una cantera local donde trabaja Never Ferreira, quien lleva aproximadamente 60 años dedicado a la extracción de arcilla, 45 de ellos en el actual establecimiento.
Ferreira recordó que décadas atrás la explotación de arcilla constituía una importante actividad económica en la zona, con varias canteras en funcionamiento y una intensa comercialización hacia diferentes puntos del país y el exterior.
“Sacábamos, por ejemplo, 300.000 kilos y se embarcaban en el tren. La llevaban a Blanquillo en camión y se embarcaban en el tren”, relató. Actualmente, su cantera es la única que permanece activa en esa zona, conservando una actividad estrechamente vinculada con la historia productiva de Blanquillo.
De allí se extraen diferentes variedades de arcilla, entre ellas la denominada tierra de primera, especialmente valorada para la técnica del marmolado por sus características y tonalidad. “Las piezas que hacemos son pura y exclusivamente con tierra de aquí”, destacó Rosana Martínez.
Una creación que nació de un encuentro
La iniciativa de obsequiar un pesebre al Papa surgió a partir de una visita del Intendente Felipe Algorta al Festival Nacional de la Cerámica de Blanquillo del año pasado. En aquella oportunidad, Algorta quedó especialmente impresionado por un pesebre marmolado realizado por la ceramista María José Peña.
Peña decidió regalarle aquella pieza al Intendente, un gesto que tiempo después daría origen a la propuesta de elaborar un nuevo pesebre para entregar al Papa.
“Cuando el Intendente Felipe Algorta me llama para proponerme la idea de crear una pieza en marmolado para poder regalarle al Papa, la verdad fue muy emocionante. Me sentí feliz, esa es la palabra”, manifestó Rosana.
Trabajo artesanal que respeta los tiempos de la tierra
La elaboración de una pieza de estas características requiere aproximadamente entre 15 y 20 días de trabajo. El proceso comienza con la extracción de la arcilla, continúa con la molienda, preparación y combinación de las tierras, y culmina con el modelado y terminación del pesebre.
“El barro tiene su proceso, hay que esperarlo, no hay que apurarse, porque se agrieta, se parte. Es la tierra misma y como tal tenemos que respetarla”, explicó la artesana.
Martínez también valoró el interés del Intendente por promover la cerámica marmolada, una técnica que considera parte fundamental de la identidad de Blanquillo.
“El Intendente ha puesto su mirada en las piezas marmoladas, él dice que es un diamante a pulir”, señaló.
Para la ceramista, saber que una creación elaborada con sus propias manos y con tierra de su localidad llegará al Papa constituye un acontecimiento difícil de imaginar.
“En mi vida se me hubiera ocurrido pensar que nuestro barro, nuestra arcilla, nuestras piezas pudieran llegar a estar un momento en las manos del Papa”, expresó.











