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La pena de muerte. Opina Saúl Piña


La última ejecución de una sentencia de pena de muerte en nuestro país sucedió en 1902, en la Estancia de Adolfo Silveira, ubicada en paraje “La Coronilla”, departamento de Maldonado. 

En dicho establecimiento fueron prácticamente masacrados varios miembros de la familia Silveira y dos peones rurales.

Los asesinos fueron ejecutados en el mismo lugar, donde actualmente es escenario de visita de turistas; al punto de que el camino que conduce a la zona se llama “Al último fusilamiento”. Hoy solo queda una tapera del establecimiento de Silveira, y allí precisamente el 25 de setiembre de 1902, fueron ejecutados Manuel Páes y Aurelio González, quienes habían asesinado a Adolfo Silveira, su esposa, a Pedro Silveira, Olegario Fernández y el niño Juan Alonso.

Un mensaje y proyecto de ley enviado por Don José Batlle y Ordoñez al Parlamento fechado el 27 de junio de 1905, planteando la eliminación de la pena de muerte, fue aprobado durante el gobierno de Claudio Williman.

La pena de muerte fue aplicada desde la época de la colonización española en el actual territorio de Uruguay. El sistema más utilizado era la horca o el fusilamiento, para los delitos militares o políticos.

En 1764, cuando asumió como gobernador de Montevideo Agustín de la Rosa, hizo levantar una horca en la plaza que hoy se llama “Constitución”, con el objetivo de “afianzar la quietud de la población y atemorizar a la gente inquieta”.

En la primera constitución del naciente estado del Uruguay se menciona la pena de muerte en forma implícita en los artículos 26 y 84, regulando las competencias de la cámara de representantes y el indulto presidencial.

La abolición de la pena de muerte en nuestro país, tradujo con fidelidad el alma del pueblo uruguayo y su espíritu democrático, lo que—pese a todo—sigue siendo el acuerdo sustancial y el valor de las cuestiones y principios esenciales que posibilitan la convivencia en el sistema democrático del cual gozamos.

En su mensaje al Parlamento, Batlle expresaba en rechazo a la pena capital: "Esta pena que en su ejecución tiene que ocultarse cada día más en el fondo de las penitenciaria porque repugna el sentimiento público, está lejos de imponerse como una consecuencia forzosa de la teoría sobre la naturaleza y el fin de las penas, sostenidas por los tratadistas del Derecho Penal y, al contrario, se halla en punga con las más generosas y avanzadas”.

La pena de muerte ha recuperado su vigencia y es tema de análisis por parte de muchos uruguayos, en función del escenario de inseguridad que vive la población.-Seguramente no existe el apoyo necesario para considerar este tema a nivel parlamentario. Los caminos están por otro lado y las herramientas para combatir la violencia ya están contenidas en la Constitución y en los Códigos.

Lo que sí tenemos que cuestionar son los errores jurídicos y abogar por el cambio de sistema y mentalidad en el combate contra la inseguridad; dejando de culpar a los otros y castigando con rudeza. Será la única vía para poder enfrentar a quienes gozan de la oscuridad de sus ideas morales, no dando importancia al valor de la vida; una realidad que gana terreno, y que nos viene haciendo mucho mal, lesionando a la familia uruguaya.





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