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Sobre el abandono del edificio de la Asociación Amigos de la Música “Martínez Oyanguren”


Saúl Moisés Piña publica en DURAZNO DIGITAL un nuevo artículo de opinión, esta vez titulado "Rescatar una rica historia".

"LA EDUCACIÓN  y el acceso a la cultura en general, no solo son derechos que tienen los individuos, sino también una pregorrativa que les impone la vida en sociedad. Porque el conocimiento y el saber no solo benefician a quienes los han adquirido, sino también, y en términos generales a quienes con él han de llevar a cabo la convivencia.

Seguramente que muchos de los problemas que hoy enfrentamos los uruguayos en la vida social, no llegarían a plantearse con la lamentable magnitud que lo vienen haciendo, o serían de menor intensidad, a poco que la conducta de todos los integrantes del grupo, se encuentre presididas de las pautas racionales y de las luces de los principios morales que surgen del hecho de tener una mediana ilustración.

El proceso educativo y de extensión cultural, no tiene que considerarse reducido a los años en que se deben cursar estudios orientados y controlados para obtener títulos de diversas características.

Es por eso que resulta básico, tanto de los ámbitos públicos como privados, poner en funcionamiento sistemas posibles, como para que la población pueda acceder con facilidad a las fuentes de la cultura.

El 25 de agosto de 1941, un grupo de duraznenses concretaron una acertada iniciativa, inaugurando la Asociación Amigos de la Música “Julio Martínez Oyanguren”, que si bien hoy no está en actividad, se considera la institución cultural con más años en Durazno.

Se contó con el estímulo catalizador que gestó en el fino espíritu del doctor Ernesto Filippini Rossi, la voluntad de impulsar una idea largo tiempo acariciada, creando una institución dedicada a la promoción de la música y el desarrollo de toda actividad cultural en el medio, contando con el valioso aporte de vecinos comprometidos con la cultura de Durazno, como el Prof. Raúl H. Evangelisti, Julio Giordano, Bautista Díaz González; sumándose luego con los años el doctor Honein Sánchez Galarza, María Otilia Candiota de Mondino, María del Carmen Barreto de Giordano, ”Pochongo" Bedat, entre otros recordados Directivos.

La coqueta sala fue escenario de recitales excepcionales, de solistas y grupos musicales, que ubicaron a Durazno en un centro cultural importante a nivel nacional.

También allí surgió el movimiento coral de la mano del profesor Evangelisti, y por la década del 50 el Coro Infantil bajo la Dirección de Zulma Evangelisti, grupo que integré y que tengo los más gratos recuerdos.

Desde hace varios años, el edificio de la institución está en total abandono, como testimonio vivo del olvido a quienes impulsaron la creación de este reducto cultural; pero también como evidente muestra de la pasividad de nosotros los duraznenses y de las instituciones que tienen competencia en el tema.

Resulta imperioso recuperar esta sala, que sería fundamental para muchas acciones relacionadas con la cultura. También una buena manera de valorar la rica trayectoria de este crisol del espíritu, que en su tiempo fue un orgullo PARA DURAZNO".





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