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Saúl Piña repasa aquellos festivales de Durazno "bajo agua" en el Landoni


Los concursos de cantores, afiches, reinas, vidrieras… Iturria, Morra, Moreira, Morinelli, Marajá “Sosa”, en fin, el autor nos transporta a los orígenes del evento que dio lugar al eslogan “Durazno - Capital Nacional del Folklore”.

Llega la Fiesta Grande de Alegría Popular


🎸 Folklore: la palabra deriva de las voces inglesas folk, pueblo y lore ciencia. Fue adaptada al lenguaje científico universal, para designar la ciencia de las tradiciones, costumbres, creencias, artes populares y hasta supersticiones.

Se afirma que folklore es “el saber del pueblo”, es decir el conjunto de tradiciones que reflejan la vida y espíritu de una comunidad. El folklore existe en el mundo como expresión del poder de la tradición, lo que se trasmite con el paso del tiempo, de generación en generación.

Toda expresión folklórica es distintiva y propia de cada pueblo. En estos tiempos de globalización, la cultura tiende a homogenizarse y los países dominantes imponen sus creencias. Es por eso que la defensa de lo autóctono, supone un ámbito de resistencia para preservar ese rico tesoro que tienen los pueblos: la identidad.

Este fenómeno fue determinante para que en la década del 70, el entonces Intendente de Durazno Dr. Raúl Iturria, visualizara con mirada futurista, la realización de un Festival Nacional de Folklore en nuestra ciudad, con el perfil de una fiesta netamente popular, que además de ofrecer calidad cultural, tenía como objetivo el rescate de las cosas auténticamente nuestras, facilitando el camino para los nuevos valores que surgían.

Para ello contó con el valioso aporte de un grupo de vecinos, determinándose que la idea central del evento, era ofrecer un escenario de jerarquía para aquellos cultores del folklore que recién iniciaban su actividad.

Se estableció un certamen con presencia de finalistas seleccionados de cada departamento, en las categorías de Solista, Recitador, Payador, Dúo y Conjunto; los que alternarían su presentación con figuras profesionales de elevado nivel.

Seguramente este era el soporte más importante del Festival marcando un éxito muy particular, por cuanto se trasladaban a Durazno los familiares de los participantes, conformando una movida de carácter nacional. La mayoría de los ganadores lograron luego marcado éxito profesional.

Capítulo aparte para las clásicas “peñas” en los campamentos del Camping, que era una versión diurna del Festival.

En los primeros festivales se organizaba un concurso nacional de afiches, se cumplía la elección de la Reina Nacional del Folklore, como así también el concurso de vidrieras de comercios locales y se sorteaban valiosos premios con el número de las entradas. Por iniciativa del escultor de Canelones Juan Morra, fue creado el “Charrúa de Oro”, que es el máximo galardón que se otorga a la figura más destacada del evento.

Quienes tienen algunos años recuerdan con nostalgia los festivales en el Campus Municipal, que con una extensión de más de ocho horas y la mayoría de los años bajo lluvia, miles de personas presentes no se movían de su silla y ofrecían un fenómeno social muy particular.

Es bueno señalar el especial ambiente que se vivía detrás del escenario, donde los vecinos se acercaban para dialogar con los invitados profesionales, en una instancia de franca camaradería. Era una ocasión para conocer y dimensionar en plenitud, la personalidad de cada artista. En realidad se puede afirmar con seguridad, que era una especie de Festival “paralelo”, al punto de que venían visitantes de todo el país que disfrutaban el festival detrás del escenario, tomando fotos, grabaciones y conversando con los destacados profesionales, conociendo facetas muy particulares, que generalmente no se muestran en el escenario.

Tal era el nivel del Festival, que representantes de prestigiosos solistas y conjuntos folklóricos argentinos, manifestaba que para el ingreso al mercado uruguayo, primero se debía actuar en “La Capital Nacional del Folklore”.

Vale un recuerdo especial para Juan Morra, para el Prof. Milton Moreira autor del tradicional afiche promocional.

También de Eustaquio Rodríguez, Jefe de Electricidad en el primer festival, como de Ángel Morinelli, responsable de la construcción del escenario, del “Pulga” Cortazzo diseñador del escenario y del recordado “Marajá “Sosa, un eficiente colaborador con los animadores en el
escenario.

Este fin de semana (8 al 9 feb. 2019) el Festival llega al “Parque de la Hispanidad”, para promover la vibración del canto, del ritmo, del color y el fraterno abrazo de artistas y muchedumbre pueblerina. No será solo una jornada de paseo. Se trata de un esfuerzo para fomentar las más caras reservas de la orientalidad, promoviendo la unión entre los uruguayos con el milagro del canto y rescatando el auténtico sentir del pueblo.

Decía el recordado Abel Soria sobre nuestro Festival: “Esa es la voz del Yí, de cuya fronda surge el concierto de aves que le cantan; mas la fronda, las aves y los ríos morirían si el hombre no cantara. Y él, que lo sabe, baja lentamente deletreando celestes pentagramas y se estrecha al pasar junto a San Pedro, para tener cintura de guitarra”.

Como desde hace cuarenta y seis años el Festival cobra forma y se vuelve canto; el milagro se renueva junto a las pitangas del Yí, para reafirmar aquello de que: “Todo el Uruguay Canta en Durazno”.





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